jueves, 20 de diciembre de 2007

Institucionalización de la permisividad

No es que sea partidario de que los padres den palizas a los niños, y tengo claro que hay abundante material científico de apoyo a que la violencia ejercida por los adultos sobre los niños es perniciosa pra el desarrollo equilibrado de sus personalidades.

Lo que resulta dudoso es que el Estado instituya como un delito al castigo físico de los padres sobre los hijos. En un primer momento parece no haber nada raro en que el Estado, que es el ente que ha sustraido en general de los hombres en sociedad civil su capacidad de defensa individual, efectue lo que le es propio, esto es, quitar a los padres la potestad de castigar físicamente al hijo como le ha quitado a todos los adultos la potestad de castigar físicamente a los vecinos. Sin embargo, este caso es diferente, porque la relación entre padre e hijo es de tipo formativo, y el Estado está debilitando la autoridad del padre, sin que por ello el Estado lo vaya a sustituir como padre.

Instituir como un delito el castigo físico de los padres es una limitación a la potestad paterna. Por lo demás no es necesaria. Todo abuso del poder no sólo de los padres, sino de cualquiera, puede ser constitutivo de delito y ser sancionado por los Tribunales. La disposición legal anunciada en Chile abre paso a la permisividad infantil y juvenil, y a la generación de denuncias irresponsables, basadas en el odio y el revanchismo.

No pidan ahora las autoridades que los padres controlen a sus niños que van a las barras bravas, si al mismo tiempo están dando señales permisivas, proporcionando instrumentos para que los jóvenes chantajeen y eludan así la debilitada autoridad paterna.

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