viernes, 21 de diciembre de 2007

Navidad y Solsticio

Recientemente, en España, un concejal de Sevilla ha propuesto que, en su ayuntamiento, se cambie oficialmente la denominación de “celebración de navidad” por “celebración de solsticio de invierno”. Esta proposición ha despertado en el entorno local sevillano un crispado debate ideológico, que ha contrapuesto visiones religiosas y laicas en relación con el origen de la celebración y ha puesto en discusión el sentido de la navidad.

Por cierto, el origen histórico de la fiesta de navidad se encuentra en la decisión de la Iglesia Católica, en el siglo IV, de hacer coincidir la celebración del nacimiento de Cristo con la fecha del solsticio de invierno romano, ocasión que replicaban en Roma las antiquísimas fiestas solsticiales provenientes del Oriente. Con el tiempo, y el dominio del cristianismo, la fiesta de navidad suplantó a la solsticial, que fue olvidada como fiesta popular en occidente.

La referida propuesta del concejal sevillano aparece, entonces, como un intento de restaurar el sentido original de la fiesta en esta fecha, revirtiendo el sentido religioso cristiano que la Iglesia le otorgara y que ha sido la forma en que occidente ha entendido normalmente la fiesta desde hace siglos. Podría pensarse que el concejal estima que de este modo favorece el carácter laico de la sociedad, devolviendo a la fiesta su carácter histórico pagano. Pero es dudoso e innecesario desde el propio punto de vista del laicismo. La celebración de la navidad hace tiempo que ya no tiene un sentido religioso predominante, y ello no impide que de su magia participen creyentes y no creyentes. Por una parte, los pastores eclesiásticos llaman legítimamente a sus feligreses a rescatar el “verdadero” sentido de la navidad, entendida como conmemoración del nacimiento de Cristo y como un llamado a vivir en lo que éste simboliza. Por otra parte, para el resto, que no comparte la fe cristiana o no comulga con religión alguna, la navidad continúa siendo, ya no por religión, pero si por impronta cultural, un tiempo de reafirmación de lazos con el otro, que se manifiesta en el abrazo fraterno, en la manifestación de aprecio personal y en el encuentro familiar.

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