lunes, 29 de septiembre de 2008

Crisis capitalista

Con la crisis económica que se ha desatado en los Estados Unidos, y que está invadiendo lenta pero inexorablemente al resto del mundo, está naufragando el modelo que por los años 80 del siglo pasado impusieron Reagan y Thatcher, que desde el centro del mundo anglosajón imprimieron el sello capitalista neo liberal que desde entonces primó en la caracterización de las economías de Occidente.

La votación de la Cámara de Representantes americana que rechazó el requerimiento de rescate a la banca por 700 mil millones dólares es una manifestación de los estertores de una clase política que se debate sobre la forma de cerrar un ciclo económico minimizando los costos políticos de su fracaso. Así se comprende que más del 60% de los representantes del Partido Republicano hayan rechazado la propuesta de George W. Bush, un Presidente de su propio partido, y que, por el contrario, hayan sido los adversarios del Partido Demócrata, los que apoyaron mayoritariamente la propuesta. El republicanismo americano, propiciador del modelo desde sus inicios, no se resigna a reconocer ante sus partidarios, tan cerca de las elecciones, que “su” sistema requiere ser salvado por el Estado, esto es, por el aporte económico individual de todos los ciudadanos norteamericanos, que tendrán que ser más pobres, además de las pérdidas de empleos y del valor de sus activos que ya han estado ocurriendo, para sectores crecientes de la sociedad, desde hace algo más de un año.

Dura prueba para el capitalismo, que hasta se había olvidado de llamarse así, presumiendo desde el Fukuyama del Fin de la Historia, que ésta era la forma definitiva de organización económica de la humanidad. Pero como lo han señalado tantos autores, olvidados y denigrados por los economistas políticamente correctos de los últimos 20 años, el capitalismo vive y sobrevive pasando por períodos de auge y crisis, donde en el primero de ellos se generan crecientes riquezas, que tienen como contrapartida enriquecimiento infinito de los capitanes del barco y “chorreo”en variadas proporciones para la plebe. En las crisis, en cambio, revientan las burbujas del período de auge y la economía se cura de sus excesos con la ayuda y el sacrificio de todos... Hasta el comienzo de un nuevo auge.

Los llamados mayoritarios de hoy son a aprender la lección, para evitar que vuelva a ocurrir. Ilusoria expectativa si con ello se piensa que en no habrá más crisis manteniendo lo esencial del sistema vigente.

Mientras las economías se funden en el la valorización del capital, y la libertad de mercado constituya el dogma intocable de cualquier actividad incluida la producción, la distribución, el trabajo y las finanzas, los beneficios del crecimiento económico serán inevitablemente privatizados y la mayoría de la población pagará cíclicamente los costos de la fiesta, en la que ella, como siempre, no habrá sido invitada a participar.

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