jueves, 6 de marzo de 2008

Fariseísmo

La vida política tiene misterios impenetrables para el común de los mortales. El alineamiento y pronunciamiento de los gobiernos de los países latinoamericanos, y del chileno en particular, en relación con el golpe de fuerza dado por el gobierno colombiano a las FARC en territorio ecuatoriano es una confirmación.

Acontecido el hecho el día domingo, la Presidenta de Chile se apresura, a primera hora del día lunes, a exigir del gobierno colombiano una explicación por la intromisión de sus fuerzas en territorio extranjero. La primera prioridad en la consideración gubernamental es la integridad e inviolabilidad del territorio. Ni una concesión a la aclaración de los hechos y ni una palabra, en su advertencia, sobre el carácter antiterrorista de la guerra del gobierno colombiano. Sorprendente la reacción inmediata, por decir lo menos, en una gobernante que no se caracteriza por sus rápidos reflejos, y cuyo estilo de gobierno tiene muy poco de ejecutivo, y sí mucho de dilatorio.

Sorprende también que la oposición política chilena permanezca absolutamente callada respecto de una declaración que parece innecesariamente alineada con las protestas de Chávez, tercero no implicado formalmente en el conflicto, pero que es sabido alimenta y se beneficia de una relación privilegiada con las FARC.

¿Silencio cómplice porque el manejo de las relaciones exteriores es una política de Estado respecto de la que no cabe disentir, al menos públicamente? ¿Ecos del diferendo limítrofe de Chile con Perú, que obliga al gobierno chileno a sentar la importancia prioritaria de la cuestión territorial? ¿Indiferencia de los partidos de oposición a la política internacional por su baja rentabililidad en el plano electoral?

Cualquiera que sean las circuntancias que hayan animando el posicionamiento de la clase política nacional frente a este conflicto, cabe apreciar que su actuación está basada eminentemente en el cálculo, en el pagmatismo, en la ventaja que se pueda obtener en el plano interno o en el plano externo, ya sea para el gobierno o para la coalición política, apartándose de la consideración de las situaciones de fondo que hay tras una crisis. ¿Es que lo único que ha hecho a los gobiernos latinoamericanos y al chileno ponerse en el tema de la guerrilla y el terrorismo colombiano es que una operación se efectuó un par de kilómetros más allá de donde nadie hubiera dicho nada?

Hay mucho de fariseísmo en el discurso político, incluido el gubernamental. La situación de fondo es y ha sido desde hace años, la acción guerrillera y terrorista, el socavamiento de una democracia, los miles de muertos, los cientos de secuestrados, la vida insegura y miserable de todo un pueblo por la acción fanática y obsecada. Esto lo saben los políticos, pero miran para otro lado, con absoluta insensibilidad ante lo esencial, y reaccionan y coinciden en el reclamo burocrático cuando una cuestión tan formal y arbitraria es puesta en el tapete. Es la miseria del fariseísmo.

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