jueves, 16 de octubre de 2008

Clases de Religión y Educación Laica

(Artículo del autor publicado en Temas del Laicismo Chileno)

En una concepción de educación laica, el estudiante concurre a la escuela a aprender de las razones de las cosas y de las ideas, en un ámbito protegido de la sociedad civil, libre de la acción de grupos de presión, donde se fortalecerá para obtener su libertad de conciencia y su emancipación individual, lo que le permitirá adherir o negarse a las corrientes de opinión de la vida social, una vez que haya salido de ella. Quedan fuera de la escuela, bajo esta concepción, la acción de organizaciones clericales e ideológicas, en aras del bien superior que es la contribución a la formación de la autonomía del educando.

La educación pública constituye una institución que pertenece a la comunidad organizada, y que se realiza con el auspicio y financiamiento de todos los ciudadanos, tengan o no creencias religiosas. Por tal motivo, constituye el ámbito en que, por excelencia, la educación debe ser laica.

La petición formulada recientemente por el Area de Educación de la Conferencia Episcopal de Chile al Ministerio de Educación para que en las clases de Religión los alumnos de escuelas y liceos sean calificados con notas y no meramente con conceptos, aparece como un paso más en el intento de entronizar la enseñanza religiosa en la educación pública. Con notas de Religión válidas para el promedio de los alumnos, la enseñanza religiosa intenta acceder al status de asignatura en igualdad de rango con las auténticas disciplinas formativas como la Matemática, la Biología y la Lengua Castellana, por nombrar algunas.

El Obispo Carlos Pellegrin, presidente del Area Episcopal, afirma que el ramo de religión es esencial para la formación valórica de niños y jóvenes en los colegios. Esta expresión tiene una notable parecido con la fundamentación que ha entregado hace poco tiempo el diputado Maximiano Erázuriz en su proyecto de ley que obliga a erigir salas de oración en todos los nuevos centros educacionales que se construyan, afirmando que "es propio de todo ser humano poseer una fe que dé sentido a su vida". En el término "esencial" del obispo, y en la expresión "propio de todo ser humano" del diputado, aparece una concepción que descalifica al mundo no religioso, desde la perspectiva de un fundamentalismo religioso, al que no le cabe concebir que pueda existir formación de valores fuera de la religión, o que puedan pasar por la vida hombres y mujeres que sostengan, con plena libertad de conciencia, que no tienen fe.

No resulta menor, por otra parte, el dato que ha deslizado el obispo Pellegrin en orden a que en las clases de religión se entregaría más información de cultura que de religión propiamente tal. Si así fuera, la situación de las clases de religión, desde la perspectiva laica, está siendo todavía peor que la enseñanza de un catecismo y de preceptos de fe, pues significaría que los movimientos religiosos, cual seguidores de Gramsci, ¡quién lo iba a decir!, están ejerciendo su misión evangelizadora y adoctrinadora a través de la interpretación religiosa de los hechos culturales y sociales. Esto es, lisa y llanamente, una intromisión de grupos religiosos particulares en la misión que se encomienda a sí misma la comunidad organizada a través de la institución denominada educación pública.

La eventual aprobación de la solicitud de la jerarquía católica, que contaría con el apoyo de las iglesias evangélicas del país, por parte del Ministerio de Educación, significaría un grado más en el atentado ya permanente a la formación libertaria de nuestros estudiantes de enseñanza básica y media. La educación pública chilena, aquélla respecto de la cual hemos concordado, como sociedad, que resulta necesario potenciar, requiere formar estudiantes en los que se despierten libremente sus vocaciones e intereses, en el contexto de una educación de calidad en contenido y forma. Afuera de la educación pública deben quedar las instituciones interesadas en utilizar la escuela para la propagación de creencias e ideologías. La educación pública debe ser laica.

1 comentarios:

A las 27 de octubre de 2008, 20:48 , Blogger CDS ha dicho...

Estimado Carlos:
Junto con saludarte, quiero expresar mi total acuerdo con vuestros planteamientos. La Iglesia se separó del Estado en 1925 y debe respetar esa separación. Incluso es más, deberían dictarse clases de Educación Cívica y de Educación sexual, en lugar de clases de un dogma. Si deseamos sustentabilidad democrática, debemos trabajar arduamente para la construcción de un Estado Laico.
Somos muchos los que pensamos así, puedes contactarnos en http://cdschile.blogspot.com o enviarnos un correo a contactocds@gmail.com

Pertenecemos a la Comisión de Desarrollo Sustentable del PPD, somos jóvenes democrátas y laicos.

Un abrazo fraternal,

Jorge Rojas

 

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